jueves, 19 de marzo de 2009

La cultura de la Idiotez

A las manifestaciones transgresoras de la cultura establecida de lo correcto, lo oficial, algunos gustan llamarle “contracultura”. Sin embargo, entendiendo la cultura como un conjunto más amplio de expresiones, nos daremos cuenta que las manifestaciones contraculturales secretamente, dan cumplimiento a una tradición: la de las rupturas. Los movimientos artísticos, una vez que se han empantanado, requieren del ímpetu de nuevas corrientes para renovarse o, en su caso morir y ceder el espacio a nuevos discursos o nuevas formas. No se trata de progreso porque en el arte no existe; sino de cambio. Sin embargo bien se puede hablar de un discurso (por decirlo pomposamente) contrario a la cultura critica y creativa. Representa una contracultura en si, completamente opuesta al arte y al pensamiento dado que, precisamente, los destruye. Este fenómeno posiblemente existió desde siempre, pero su auge se da de manera notable en el último par de décadas.
La cultura de la idiotez, como podemos denominarla, también tiene sus obras maestras. ¿Hay mayores monumentos a la estupidez que las novelas de Carlos Cuauhtémoc Sánchez? ¿Existe literatura más basura que la de superación personal? ¿Hay mayores antídotos contra la lucidez que la llamada Metafísica, los orientalismos superficiales o los manuales de liderazgo? La literatura de la idiotez es como puede definirse la más vendida. Una vuelta por las librerías nos confirma que el lector lo que busca es un charlatán que lo convenza que sus problemas, sus desasosiego y su vació tiene solución.
Dada la incapacidad de las religiones (en el caso de México la católica) para brindar al individuo un verdadero soporte espiritual, las personas, en una completa confusión, recurren a los libros compuestos con una adecuada mezcla de moralina vomitiva, psicología de cabaret y filosofía de mercado (donde venden las verduras). Y el asunto no tendría mayor importancia (cada quien tiene su derecho a introducir en su cerebro las estupideces que desee) si no fuera por el fenómeno esta relacionado con cuestiones comerciales y de poder. Es tal el auge de esta literatura chatarra que las editoriales promueven su existencia, generando con ello una cultura que destruye cualquier tipo de placer de índole intelectual.
La cultura de la idiotez es afín a los sectores mas retrogadas de la sociedad: el empresariado (que promueve la idea del “liderazgo”, del “hombre emprendedor”, de que aquel que no triunfa en los negocios es un fracasado, un excremento de la sociedad de los lideres, la sociedad (con su vindicación de los valores morales universales e inmutables), la iglesia (con su larga tradición represiva en materia de libertades individuales), etcétera. Para evitar confusiones digámoslo con todas sus letras: la cultura de la idiotez beneficia al poder, en su ejercicio, en lo económico y en lo político.
La cuestión no seria alarmante de no ser porque el gobierno que recientemente tomo posesión posee una ideología similar al gobierno saliente que coincide en varios puntos antes mencionados. Un recuerdo: Hace algunos años hubo un congreso nacional de filosofía en Guanajuato. El discurso inaugural corrió a cargo del gobernador que en ese entonces era el señor (aun no era licenciado) Vicente Fox Quezada. En uno de sus tradicionales resbalones dijo, frente a decenas de académicos y estudiantes: “Aprovechen ustedes que tienen la oportunidad de pensar, nosotros los que tenemos que trabajar para mantener a nuestras familias carecemos de ella”. Es decir, aquellos que se dedican al ejercicio del pensamiento son los parias de la sociedad de los que si trabajan y no piensan. ¿A quien beneficia la cultura de la idiotez? Vale la pena analizarlo.
Desde ya me declaro un fracasado, no vaya a ser que a alguno por ahí se le meta en la cabeza encaminarme por el camino del éxito, de la tranquilidad del alma o de los valores morales y con ello me amargue mis hermosas tardes de improductividad, vació espiritual y deliciosa inmoralidad.

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