Una mujer postrada ante los diosesEstaba ahí bajando la espalda
Abriendo la cadera y el coño a Dios
Un hombre se le acercó y le dijo:
¿No temes buena mujer, que al dios que está detrás de ti tu postura le resulte irreverente?
No conocía la vergüenza.
Se masturbaba delante de todos,
Lamentando
Que no fuera igual de sencillo
Librarse del hambre frotándose las tripas.
Porque como ella no estoy loco
Ejercito el difícil arte del fracaso
No admito concesiones.
Nada de quedarse
En la superficie del lenguaje,
Por más apacible y sugestivo que parezca.
De algún modo estar solo te obliga a ser honesto.
Los solitarios nunca dicen cosas importantes,
Pero sí profundas.
De dos centímetros de profundidad.
Cosas hechas de jirones de vida,
Resabios de una existencia
Que está por irse.
Se sienten miserables.
Los persigue una angustia que no los deja
Acercarse a mujeres bellas
Las dejan para otros.
Las posiciones acrobáticas
Las dejan para ellas.
Yo sólo quiero un poquito
–un poquito, de veras muy poquito–
De compasión,
De apapacho.
De eso que volteas
Y tientas el sexo suave de una mujer,
Y lo hueles y lo acaricias,
Y dices, puta madre,
A mí también me sonríe la vida.
Porque como ella no estoy loco
Ejercito el difícil arte del fracaso
No admito concesiones.
Nada de quedarse
En la superficie del lenguaje,
Por más apacible y sugestivo que parezca.
De algún modo estar solo te obliga a ser honesto.
Los solitarios nunca dicen cosas importantes,
Pero sí profundas.
De dos centímetros de profundidad.
Cosas hechas de jirones de vida,
Resabios de una existencia
Que está por irse.
Se sienten miserables.
Los persigue una angustia que no los deja
Acercarse a mujeres bellas
Las dejan para otros.
Las posiciones acrobáticas
Las dejan para ellas.
Yo sólo quiero un poquito
–un poquito, de veras muy poquito–
De compasión,
De apapacho.
De eso que volteas
Y tientas el sexo suave de una mujer,
Y lo hueles y lo acaricias,
Y dices, puta madre,
A mí también me sonríe la vida.
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