
Les dire algo nuevo. La lógica es: hacer ejercicio es bueno para la salud. De acuerdo, pero ¿hacer ejercicio es sinónimo de perder peso? Paren las prensas.
Cuando haces ejercicio te da más hambre. Ergo, es factible meterle más duro a la papa después de una sesión de ejercicio. Es decir, meterle a la papa indiscriminadamente. Nunca jugué futbol americano; pero si me juntaba con los practicantes porque me gustaba comer con ellos. Y créanme: ver comer a una mesa de tackles, alas cerradas y linebackers de categoría juvenil es como presenciar los bacanales que se organizaban en tiempos de este hermano. Un provocador articulo de Time le mete tremenda revolcada a nuestras concepciones del ejercicio para ponerse “en forma”, los últimos hallazgos en la ciencia del apetito y el metabolismo humano y, por qué no, lo culpígenos que nos hemos hecho al respecto de la relación ejercicio-obesidad.
De vez en vez Time me sorprende con temas de este calibre. Quienes tienen mas de tres años de haber retomado el ejercicio físico como una parte casi diaria de su rutina. No han bajado de peso, au contraire, baby, diría el agente Powers: han subido mis buenos cuatro kilogramos.
Sí, ganas fuerza y ágilidad -No como yo que me estoy despedazando al subir un piso de escaleras - Pero más delgado, ni madres que estaras (inserte aquí un ¡¡¡NO, CÁLLATE!!!). Hace una semana devoré el artículo. Corte a: joder, hay indicios científicos de que la actividad física extenuante no quema tantas calorías como pensamos, pero la ingesta de ciertos alimentos sí agrega calorías a lo pendejo. Correr entre semana 9 km en tres rondas de 3 km cada una. En cada una de esas rondas, se quema poco más de 300 calorías. Si al acabar el ejercicio te empacas un muffin de blueberry, habras mandado derechito a la mierda 300 calorías perdidas (y ganado 50 más). Viéndolo así, esos 3 km me traen muchos beneficios, pero no el de volverte una varita de nardo.
Time explora la triste realidad con un cinismo perturbador: el humano es un ser con un metabolismo mediocre. Mientras la proporción quema-ganancia de calorías en otras especies es supereficiente, en nosotros es como una mala broma de él. Agreguen la mentada vida sedentaria del hombre moderno. Agreguen el estrés. Agreguen la terrorífica efectividad de Domino’s Pizza de llevar a tus pies una pizza en menos de 30 minutos y tendrán al gordito contemporáneo en el que nos hemos convertido. - Vease mi perfil - Dice el artículo que la gente “se premia” por hacer ejercicio con toda clase de barbaridades llenas de azúcar que, lejos de “balancear” su esfuerzo en el gimnasio (me zurra la palabra “gym”) lo tiran por la borda. Y con creces.
Hoy, una amiga se quejaba amargamente de unas galletas que se había comido, pero me decía con unos HUEVOS fenomenales que no había pedo porque al otro día iba a “pagar” el pecado en la elíptica. No sé qué vergas sea la elíptica, pero supongo que es uno de esos inventos divertidos de gimnasio para hacer de la furibunda tortura del ejercicio algo un poco más llevadero. La lógica es: no hay pedo, me meteré esta cagada de 525 calorías (una Whopper, más o menos… sin contar papas y refresco), al fin que mañana la quemo en el "gym" mientras doce cabrones que no conozco me ven el culo. Y así, seguimos comiendo.
Desde esta óptica, el ejercicio físico extenuante –es decir, el que da más hambre– es una quimera que, lejos de ayudarnos a bajar de peso, nos ayuda a subir de peso. De paso, este planteamiento manda al cuerno a toda una industria que está basada en la culpa. Millones de cabrones se meten a los gimnasios en enero, le bajan de yemas en febrero y dejan de ir en marzo. El resto del año lo pasan entre quejándose por la inversión y sintiéndose unos asnos. Y en diciembre, luego de meterle al bacalao y el romerito y el nefasto frútqueic, venga, esas culpas “call-to-action” que llamamos propósitos se activan de nuevo.
Vean la mamona campaña del Deporteísmo de Sport City: es un llamado al son de “ven y únete al clan de elegidos que optaron por sentirse bien”. Nike Runners. Gatorade. Men’s Health. Siempre acompañando dietas de la rutina diaria de al menos 30 minutos puteando el cuerpo. Venga, tú lo puedes lograr, ponte metas. ¿Lograr qué? Claro, el cuerpo de Bad Pritt en Troya. Cuántas mujeres no hacen ejercicio para que les quede una prenda. O para ir a la playa. Es una idea generalizada: si no haces ejercicio nunca dejarás de ser Petunia. Sin embargo, los argumentos científicos que expone Time –y dedica largos párrafos a derrumbar el mito del ejercicio extenuante vs el ejercicio moderado, como subir escaleras o caminar– son tan controversiales como sólidos: vale un pito que hagas una hora diaria de spinning. Lo que importa es lo que te comes cuando aplastas el culo en la silla. Amén.
No quiero hacer ejercicio, pero quizá debería hacer menos ejercicio. Lo pensaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario