1. El sonido permea nuestra vida diaria. Cuando el entorno resulta amable, el sonido es grato. Así, el sonido es el anfitrión de nuestra presencia en esta vida. Vigila que nuestra fugaz estadía sea soportable.
2. El sonido de la palabra es dulce. Por eso el hombre siempre está hablando. Cuando la palabra de un hombre y de una mujer se topan entre sí, surge lo imprevisible. Aunque haya acontecido millones de veces.
3. La música cristaliza el sonido. A través de la música, el sonido estalla en nuestro oído a modo del grito de la madre cuando llama a su hijo a la distancia. En ese grito va la vida toda. En la música va la vida toda.
4. El sonido de las voces animales nos concilia con la vida. Por más alejados que estemos del corazón, aquellas voces nos recuerdan que existe un orden ontológico. Las voces de los animales ejercen más influencia en el hombre que las escuchadas desde el púlpito. Porque son irrevocables.
2. El sonido de la palabra es dulce. Por eso el hombre siempre está hablando. Cuando la palabra de un hombre y de una mujer se topan entre sí, surge lo imprevisible. Aunque haya acontecido millones de veces.
3. La música cristaliza el sonido. A través de la música, el sonido estalla en nuestro oído a modo del grito de la madre cuando llama a su hijo a la distancia. En ese grito va la vida toda. En la música va la vida toda.
4. El sonido de las voces animales nos concilia con la vida. Por más alejados que estemos del corazón, aquellas voces nos recuerdan que existe un orden ontológico. Las voces de los animales ejercen más influencia en el hombre que las escuchadas desde el púlpito. Porque son irrevocables.
5. El sonido del silencio proviene de las oquedades más profundas de la condición humana. El sonido del silencio se escucha cuando no hay nada más que oír como seres conscientes. Cuando se han agotado los miasmas de la experimentación. Al menos tres caminos se distinguen para la audición de este sonido: el sueño, la muerte y la voz del viento. La sordera es relativa pues evoca sonidos o es capaz de crear sonidos en nuestro interior.
6. Si lográsemos escuchar los sonidos interiores de nuestro cuerpo, aun los más imperceptibles, nos asombraríamos de las armonías que prevalecen. ¿Acaso el corazón llevaría el compás? Si una mujer no te lo destruye antes.
7. El ruido puede devenir en sonido, tan así que está pendiente un concierto de celulares —¿o ya existe?
8. El sonido de un cuarteto de cuerdas contiene los sonidos terrenales. Porque Dios no existe
9. El sonido de la poesía reverbera en nuestro interior, en tanto el entorno cruje.
10. Nuestro oído reconoce el sonido de los instrumentos aun sin saber de qué instrumento se trate.
11. La métrica es a las palabras lo que el metrónomo a las notas. Pero así como la métrica más rigurosa —musical, podría decirse— no garantiza la tensión poética —ni siquiera lo que podría denominarse la poesía—, el metrónomo más rígido no garantiza la música. La métrica —con el patito feo de la rima— y el metrónomo son herramientas de trabajo. Y así hay que tomarlos.
12. La mujer posee dos sonidos que la distinguen en el mundo de los seres vivos: la voz y el corazón. La voz por el timbre; el corazón, por el seno que lo cubre.
13. El estetoscopio puso delante de los entusiastas del sonido un orbe inusitado; fue el equivalente de la ciencia ficción para los escritores. O mejor aún, fue como entrar a la ciudad de los insectos. Cantidad de sonidos inadvertidos para el oído humano cobraron dimensión inusitada. ¿Que no…? Basta con poner un estetoscopio a flor de tierra.
6. Si lográsemos escuchar los sonidos interiores de nuestro cuerpo, aun los más imperceptibles, nos asombraríamos de las armonías que prevalecen. ¿Acaso el corazón llevaría el compás? Si una mujer no te lo destruye antes.
7. El ruido puede devenir en sonido, tan así que está pendiente un concierto de celulares —¿o ya existe?
8. El sonido de un cuarteto de cuerdas contiene los sonidos terrenales. Porque Dios no existe
9. El sonido de la poesía reverbera en nuestro interior, en tanto el entorno cruje.
10. Nuestro oído reconoce el sonido de los instrumentos aun sin saber de qué instrumento se trate.
11. La métrica es a las palabras lo que el metrónomo a las notas. Pero así como la métrica más rigurosa —musical, podría decirse— no garantiza la tensión poética —ni siquiera lo que podría denominarse la poesía—, el metrónomo más rígido no garantiza la música. La métrica —con el patito feo de la rima— y el metrónomo son herramientas de trabajo. Y así hay que tomarlos.
12. La mujer posee dos sonidos que la distinguen en el mundo de los seres vivos: la voz y el corazón. La voz por el timbre; el corazón, por el seno que lo cubre.
13. El estetoscopio puso delante de los entusiastas del sonido un orbe inusitado; fue el equivalente de la ciencia ficción para los escritores. O mejor aún, fue como entrar a la ciudad de los insectos. Cantidad de sonidos inadvertidos para el oído humano cobraron dimensión inusitada. ¿Que no…? Basta con poner un estetoscopio a flor de tierra.
14. Al menos tres caminos se distinguen para la audición de este sonido: el sueño, la muerte y la voz del viento.
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