viernes, 1 de mayo de 2009

Una maquina de Dios fuera de tiempo (VIII)

Humberto toco la puerta, alcanzo a escuchar unos murmullos detrás de la misma:

- Yo abro, no te preocupes debes de estar muy cansada
- Gracias, eres un encanto – contesto Alma –

Francisco abrió la puerta, solo para poder dar su último respiro, gracias al potente filo del cuchillo de Humberto que atravesó toda la tráquea. Dejándolo ahogado en su propia sangre.
Humberto jalo el cuerpo de los pies y lo llevo hasta la zotehuela, donde termino de desangrarse.

En ese momento, por la adrenalina Humberto no se sorprendió de su habilidad para matar, sin siquiera tener una gota de sangre, subió las escaleras. Abrió la puerta del cuarto de Alma, sabía que ella estaba sola, pues su madre trabajaba por las tardes y su hermano menor estaba en su campamento anual. Se sentó en la cama junto a ella, la observo dormitando.

- Mira cuanto has cambiado, no puedo creer que seas la misma que conocí años atrás, cada día estas más hermosa - mientras acariciaba su rostro de porcelana –
- ¡No! – Grito desesperada Alma –
- ¡Siéntate perra, te mueves y juro que te golpeare hasta que desees estar muerta –
- ¡No, no, que haces aquí, no!
- ¿Por qué para todo tienes que hacer un escándalo, un jodido drama? – grito Humberto en su cara – ¿Como pudiste dejarme, así de repente? ¿Que es lo que sucede? ¿ahora si soy demasiado escandaloso para ti?

Alma soltó un grito que rebasaba el pánico en su cabeza, siempre supo que Humberto era un tipo muy tranquilo. Y esa clase de persona, es de la que mas hay que tener cuidado. Cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por la horda de gritos de Humberto.

- Lo lamento perra, pero finalmente vas a escucharme:
- Que me hayas botado, está bien. Pero que el venga a ocupar mi lugar. ¡Estas loca! ¡Este celular, este escritorio, estas bolsas, toda tu ropa, hasta tu cama es mia! ¡¿Cómo lo dejaste dormir en esta cama?! – Mientras la tomo del cuello – ¡Mírame! ¡Mira a tu ex novio ahora!
- ¡No! –replico con los ojos cerrados-
- La tomo más fuerte del cuello y la acerco tanto que podía ya oler su respiración - ¡Te dije, MIRAME! ¿Ya no esta tan deprimido, no pendeja?
- ¿Por qué me haces esto? Al momento Alma reventó en lagrimas
- ¿Tú lo hiciste, destrozaste al adolescente enamorado de ti, al que te dio todo sin pedir nada a cambio? Realmente me jodiste, yo de pendejo creyendo que regresarías a mis brazos, extrañándolos. ¿Esto fue por lo de María? Te dije que tú y yo no éramos nada, creí que ya lo habíamos arreglado.
- Te amo – contesto Alma en un intento desesperado, de dialogar con alguien que su sanidad la había dejado en la puerta –
- Eso no es cierto,
- No sé que tienes encima, pero no podrás salirte con la tuya.
- ¡¿Crees que eso me importa, idiota?! ¿Crees que esto es un juego? Pues hay un tipo llamado Francisco muerto en la parte de abajo, Ja, ja
- ¡Oh, Dios!
- ¿Lo amabas, verdad?
- No, no para nada mi amor
- Perra mentirosa, no me mientas pendeja, no me mientas
- Te amo – tratando de tomar su mano –
- ¡Alma! –Mientras le aventaba la mano –
- Mi amor
- ¿Crees que soy feo?
- No, no es eso
- ¿Crees que soy feo, jamás te guste, verdad?
- ¡Mi amor!

La cara de Alma, había pasado del terror, al llanto incesante de una situación fuera totalmente de su control. Lo único que le quedaba es adivinar lo que Humberto quería escuchar. Jamás tomo en cuenta lo que realmente Humberto estaba buscando en su cuarto

- ¡Te odio, juro por Dios que te odio! ¡Carajo, te amo, te amo! ¡¿Cómo pudiste hacerme esto, como carajos pudiste hacerme esto?!
- ¡Por favor, suéltame el pelo! No nos hagamos esto, aun podemos estar juntos, podemos deshacernos del cuerpo, mi amor, aun hay oportunidad para nosotros.
- ¡Vete a la chingada, tu nos hiciste esto! ¡Es tu culpa!
- No – mientras sus ojos y nariz escurrían todo el liquido que podían -
- ¿Recuerdas cuando, te ayuda en los exámenes en la preparatoria? Era gracioso como lo preparábamos ¿verdad?
- Si, si era muy gracioso
- Mira todo tiene sentido, tu y el pendejete de abajo tuvieron una pelea muy fuerte, uno de ustedes toma un cuchillo, el otro se le abalanza y accidentalmente le perforas la manzana de Adán, mientras esto sucede tu entras en pánico y terminas suicidándote a su lado, como una escena de Romeo y Julieta. Después me darán la noticia, y diré que estaba en el trabajo por un proyecto urgente, justamente hablando por teléfono. Eso es lo bueno del dinero puedes sobornar a quien sea por una mentira que parecerá inocente ¿Por qué crees que traigo guantes?
- ¡No, esto no puede estar pasando! Te amo, Humberto, mi vida te amo
- Cálmate Humberto - susurraba hacia sus adentros- Debí saberlo en el momento en que empezaste a actuar extraño.

Humberto empezó a derramar lágrimas, y Alma aprovecho el momento en que se volteo para secárselas, para tratar de huir.

- ¡Hey Alma! ¿Qué tratas de hacer? No puedes huir, ja ¡te tengo! – una sonrisa soltó Humberto al momento de alcanzarla rápidamente en las escaleras –
- ¡Auxilio! ¡Alguien, quien sea ayúdeme! – Grito Alma hasta desgarrarse sus pulmones –
- ¿No lo entiendes? Nadie puede escucharte y si lo hicieran no vendrían en tu ayuda. ¿No recuerdas donde vives? Vives en los linderos de la ciudad, nadie va a mover un dedo por ti, gente muere a diario por violencia aquí. ¿Qué te hace pensar que vendrían por un perra callejera como tú? Es más grito contigo: ¡Auxilio que alguien nos ayude!
- ¡Ohhh Dios! - Lloriqueaba Alma –
- Ahora calla – mientras la tomo del cabello y la arrastro a la zotehuela – y siente lo que te espera – momento en que le rebano la garganta-
- Agggghhhhhhhhh
- ¡Muere puta! ¡Muere!

Humberto sonreía, al sentir el calor de su sangre, en los guantes. Su venganza había sido consumada. Momentos después boto el cuerpo al lado de su amante, justamente en una escena de Romeo y Julieta, solo que un poco más sangrienta.

- Por fin te has convertido en algo que yo nunca fui
Humberto se helo y volteo rápidamente para ver que era su padre, Gregorio, el ser que mas repudiaba parado en la puerta, quien hablaba. Rápidamente Humberto despertó con las sabanas y almohada mojadas por el sudor y el alma en los pies.

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