domingo, 21 de diciembre de 2008

De como incrementar la validez de las opiniones a base de explosivos

Una bomba incendiaria se fabrica de la siguiente manera; Hace falta un recipiente; lo ideal es una lata hecha de una aleación de magnesio y aluminio. Hace falta termita para el relleno, por ejemplo oxido de hierro combinado con polvo de aluminio. Hace falta un percutor, algo que facilite la chispa inicial y hacen falta sustancias que provoquen una reacción química intermedia, pongamos peroxido de bario y polvo de magnesio pues hay que amplificar la chispa a fin de que alcance la temperatura requerida para inflamar la termita.
La temperatura de inflamación se consigue mediante la combinación de aluminio y oxido metálico. El efecto incendiario se debe al hierro fundido resultante y al recipiente que arde. Siempre dote mis bombas de espoletas de calidad que yo mismo fabricaba cosiendo tiras de pólvora a una tela enrollada. Pude haber usado espoletas para fuegos artificiales, pero en este caso es mas difícil calibrar con exactitud que tiempo quedaba después de la ignición. Se pueden fabricar bombas de acción retardada insertando un simple mecanismo de relojería como los que suelen llevar algunos juguetes, o bien mediante el movimiento de una aguja sensible sometida al influjo de un campo magnético. Yo prefería estos sistemas a los aparatos de control remoto, pues hoy en día, con tanto microondas, computadoras y teléfonos móviles, resultan difíciles de manejar.
La palabra granada viene de la fruta del mismo nombre, y esta del latín granatum. Una granada normal contiene unos ochenta gramos de amonal o amatol. Las que yo tengo parecen viejas y me huelo que acaso sean defectuosas. Una vez mas el problema esta en las espoletas. Tras un periodo largo el cordel que asoma la capsula del fulminante puede perder su elasticidad, en cuyo caso o no explota la granada bien la espoleta de cinco segundos queda achatada. Entonces el tiempo de detonación se reduce a solo un segundo, uno puede perder los brazos, los dedos, los ojos y quizá la vida.
Mientras intentaba desalojar el cuerpo de mi primera victima de la alcantarilla donde había quedado metido de cabeza, recordé una anécdota. La mejor manera de llevar a cabo hechos desagradables es tener ocupada la cabeza en hechos objetivos, ¿no les parece?
El 11 de noviembre de 1663, Samuel Pepys escribía en su diario acerca de una sustancia hecha de oro, aurum fulminans, un grano de la cual, colocado en una cuchara de plata y encendido, producía un disparo como de mosquete y abría un agujero hacia abajo en la cuchara son experimentar el menor impulso ascendente.
Mi victima estaba encerrada en un tubo de laminado plástico transparente, los extremos del cual yo había cortado a fin de dejar que su cuerpo se sumergiera. El agua nauseabunda se colaba por el tubo hasta más allá de su cabeza y la marea que se había formado dentro de la alcantarilla le envolvía la cara en un nimbo de cabellos. Metida en un líquido negro en un ángulo de cuarenta y cinco grados, parecía un torpedo a punto de ser lanzado, o una sirena desocupada que tratara de echar un traguito de aire. Apoye la bota derecha en sus nalgas revestidas de plástico y empuje con suavidad, pensando en otra cosa. . .
El primer fósforo de fricción fue inventado por accidente por John Walker, un químico ingles, en 1827. Raspo el suelo con un palo revestido de potasa y antimonio, y el palo se encendió. Walker no llego a patentar la idea. Yo al principio, experimente con fósforos caseros. Me pareció un buen comienzo. A fin de cuentas, la vida no es más que inflamación y extinción. Lo deje después de hacer un boquete de un palmo de ancho en una encimera de formica. Tenia catorce años y cuando mi padre vio lo que había hecho, por poco no cumplo los quince.
El cuerpo de la victima parecía estar realmente atascado en el hueco de la alcantarilla. Apretando los dientes le di otra patada y lo moví unos centímetros. . .
El primer explosivo químico fue la pólvora negra, una mezcla de salitre, carbón y azufre. Fue ideada por los chinos para fines militares hace más de mil años. Lo de “fines militares” quiere decir reventar a la gente: cruel pero eficaz. A la pólvora negra le siguieron la nitroglicerina y la dinamita, inventada esta por científico Alfred Nobel, creador del premio nobel de la paz. Sin embargo, el explosivo más popular del siglo XX ha sido el TNT, que tuvo un enorme éxito en las guerras importantes.
Atisbe por el agujero tratando de averiguar la causa del atascamiento. ¿Qué le impedía deslizarse cloaca abajo? Entonces descubrí el origen del problema. Un trozo de plástico había quedado prendido de uno de los ladrillos del revestimiento interior, lo que quedaba del codo izquierdo en un ángulo inverosímil y le impedía moverse. Me arrodille al borde de la alcantarilla, conseguí soltar el laminado y volví a colocar el codo en su sitio. Las sustancia químicas con que había rociado su cuerpo para demorar la identificación despedían gases que me producían escozor en los ojos. La mierda de la alcantarilla burbujeo hacia el interior del plástico hasta llenarlo por completo. Con macabra lentitud, el cuerpo fue deslizándose hacia el torrente.
En la mitología árabe, el genio más importante era Eblis que había nacido de una explosión aislada en el aire, pura y carente de humo. Cuando Dios exigió de sus Ángeles adoraran a Adán, Eblis se negó porque Adán estaba hecho de barro y por lo tanto era menos puro que alguien como el, fruto de una explosión espontánea. Furioso Dios convirtió a Eblis en un hesitan, o diablo que acabaría siendo líder de los Ángeles caídos, el padre de todos los demonios.
Pensé en Eblis mientras devolvía la pesada tapa de hierro de la alcantarilla a su posición original. La primera, faltaban muchas. Solo estaba al principio de mi plan. Muy pronto aturdido por la abrasadora luz gualda, ensordecido por la fuerza de cada nueva explosión, contemplare un muro incandescente de llamas ondulantes y sabré que, pase lo que pase, solo el padre de los diablos pueden salvarme.
Tengo veinticuatro años y no estoy loco, solo me he visto empujado a la locura. Mi vida inicio su declive cuando tenía catorce. Desde entonces, cada día que pasa me ha ido llevando al terrible y glorioso momento de mi venganza. Desde esa pobre mujer de la alcantarilla hasta el horizonte arrasado por las llamas, no va a quedar títere con cabeza. No deseo que nadie suplique por mí. Mi único y verdadero, esa mitad secreta de mi mismo, podría explicar porque obre como lo hice, pero seguramente decidirá no hacerlo.
Como el tipo que entro en un McDonald’s armado con una metralleta, no pido disculpas por mi conducta. A medida que se aproxima la destrucción de tantas personas, nace un deseo en mí de explicar mis motivos. Por eso he ido escribiendo en este diario, con la esperanza de que alguien lo encuentre y lo lea. Estas páginas explican buena parte de lo que ha sucedido. Sin embargo, al igual que la aparición de un Dios-Diablo en una llama perfecta, hay momentos que quedan fuera del alcance del entendimiento humano. . .

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