
Provocadores de amor y odio en una movediza y cambiante audiencia, The Smashing Pumpkins dejaron en claro con este álbum, la seriedad y magnificencia de su propuesta, como también, la patente y palpable posibilidad de la invención del llamado rock alternativo. Sin duda, la luminosa presencia de Billy Corgan en la agrupación es determinante, un Corgan inspiradísimo y obsesionado con trascender (sentir comprensible) resultó en un "ente-extraterrestre" en cuanto a la capacidad en composición y fertilidad creativa, cualidades que se intensificaron con la presencia del resto de la banda. Todo esto, dejó perplejo e impresionado a un mundo musical absorbido, mayoritariamente por el pop inglés y el grunge, un mundo incrédulo ante este cuarteto oriundo de Chicago.
En este disco se resumen todos sus virajes musicales, quizás de la forma más notable y completa posible, hasta ese entonces. Lo que se puede demostrar, simplemente, al dividir los dos sonidos más propios que la banda externalizó durante su existencia. Su lado acústico-melódico y el metálico-disonante, con ambos estilos característicos, se pueden componer dos discos totalmente distintos el uno del otro, y está todo dentro de un mismo álbum, increíble.
Con el minucioso James Iha en la guitarra, la enigmática D'Arcy Wretzky en el bajo, el enérgico Jimmy Chamberlain en la batería y el creativo William Patrick Corgan en voz y guitarra, la agrupación hizo gala de su calidad tanto musical como creativa y, lo más importante, de su trascendencia e influencia.
En cuanto al material en sí, el primer disco ("Dawn to Dusk") se inicia con el tema instrumental homónimo al álbum, 'Mellon Collie & The Infinite Sadness', un melódico aperitivo que tiene a un melancólico Corgan frente al piano. La bella y popular 'Tonight, Tonight' es donde escuchamos, por vez primera, la voz del calvo líder, tema con algunos arreglos sinfónicos, que ya es parte del inconsciente colectivo de los noventa. 'Jellybelly' es el tercer track, siendo el que inaugura las guitarras estridentes y sabáticas del álbum, carácter que hace continuo la pegajosa y esencial 'Zero', canción que merece historia aparte y su permanencia en el tiempo será eterna. Volviendo al álbum, 'Here Is No Why' baja un poco las revoluciones, pero en un tono cadencioso de sutil agresividad, para volver a la distorsión metálica con la clásica y epiléptica ‘Bullet With Butterfly Wings’, épica a tal grado de ser un himno “a pesar de toda mi rabia, no soy más que una rata enjaulada”La variedad musical y estilística ya es notoria a esta altura del disco y 'An Ode To No One' (Fuck You) lo confirma con su asalto guitarrero. 'Love' mantiene la disonancia eléctrica de fondo y las letras dejan, cada vez más en claro, la calidad compositora. 'Cupid de Locke' y 'Galapogos' conforman un dueto melódico-acústico de notable factura, que líricamente, desnudan al hombre en toda su pequeña inmensidad. Sigue 'Muzzle', otro extraordinario y rítmico tema ¿Acaso no hay canciones de regular y ordinaria creación en el álbum? Un extenso y visceral corte es 'Porcelina of the Vast Oceans', donde sus casi 10 minutos de duración, descubren un océano de grandilocuencia y vasta calidad. Cerrando el primer disco, nos encontramos con la única canción interpretada en solitario por el guitarrista James Iha, la suave y acústica 'Take Me Down'.
Mientras la calidad musical, interpretativa y lírica no dejan de sorprender y se mantienen en alto, pasamos al segundo volumen del álbum, bautizado como "Twilight To Starlight", el cual inaugura con 'Where Boys Fear To Tread', pieza clave para comprender el lado agresivo y sabático de los Pumpkins. La estridencia continua con 'Bodies". Luego de la tormenta viene la calma", es la tónica del álbum y 'Thirty Three' junto a 'In the Arms of Sleep' lo demuestran resueltamente, con la melancólica esperanza de la primera y la más absoluta tristeza y oscuridad de la segunda canción, respectivamente. En un tono mucho más alegre y sincopado se deja degustar otra pieza clásica del cuarteto, '1979', quizás la versión pop-rock, más aceptada y popularizada por la multitud y la industria. Luego, es 'Tales of a Scorched Earth', que nos recuerda que los vientos de agresividad no se han ido ni piensan marcharse. En la mitad del segundo cedé, 'Thru the Eyes of Ruby', trae aires de un art-rock que la agrupación siempre denoto, dentro de una vanguardia rockera de calidad. La sigue la calma y dulce 'Stumbleine', que es sucedida por la última revisión netamente rockera y aplastante del álbum, 'X.Y.U.'. Esta nos trae, una vez más, el impresionante despliegue técnico y de potencia de un preciso y brutal Chamberlain, junto con la sarcástica voz chillona de Corgan, un regalito para sacudir un poco el cerebro. Pasamos ahora a la última parte del disco, donde notamos lentamente los guiños más electrónicos que comienzan a tomar los tracks, dándonos un aviso de lo que vendrá ("Adore" en 1998) 'Whe Only Come Out at Night', abre este camino rítmico, seguida de la bella 'Beautiful', la tierna y casi tonada de cuna, 'Lily' (my one and only), que como dato freak, Corgan dedica a su gata del mismo nombre. La belleza compositiva y lírica sigue inmersa en 'By Starlight' y, en forma de despedida de este gran álbum doble, también en 'Farewell and Goodnight', donde se unen las voces de todos los integrantes, para luego terminar con el mismo piano melancólico que abrió el álbum, en otra pieza de ensueño para cerrar esta magnífica obra.
Sin duda, "Mellon Collie & The Infinite Sadness", se convirtió, paradójicamente, en la pieza-maestra que ni los propios pudieron superar, en términos de calidad y popularidad a lo largo de su existencia. Más aún, este disco doble constituye las dos caras (luminosa y oscura) con que el grupo convivió continuamente, todo ello demostrado en mezcla estilístico y musical impresionante, y lo más relevante, lleno de fineza y calidad, lo que les valió, en definitiva, ser reconocidos masivamente por un mundo musical al cual dejaron perplejo y extasiado.
En este disco se resumen todos sus virajes musicales, quizás de la forma más notable y completa posible, hasta ese entonces. Lo que se puede demostrar, simplemente, al dividir los dos sonidos más propios que la banda externalizó durante su existencia. Su lado acústico-melódico y el metálico-disonante, con ambos estilos característicos, se pueden componer dos discos totalmente distintos el uno del otro, y está todo dentro de un mismo álbum, increíble.
Con el minucioso James Iha en la guitarra, la enigmática D'Arcy Wretzky en el bajo, el enérgico Jimmy Chamberlain en la batería y el creativo William Patrick Corgan en voz y guitarra, la agrupación hizo gala de su calidad tanto musical como creativa y, lo más importante, de su trascendencia e influencia.
En cuanto al material en sí, el primer disco ("Dawn to Dusk") se inicia con el tema instrumental homónimo al álbum, 'Mellon Collie & The Infinite Sadness', un melódico aperitivo que tiene a un melancólico Corgan frente al piano. La bella y popular 'Tonight, Tonight' es donde escuchamos, por vez primera, la voz del calvo líder, tema con algunos arreglos sinfónicos, que ya es parte del inconsciente colectivo de los noventa. 'Jellybelly' es el tercer track, siendo el que inaugura las guitarras estridentes y sabáticas del álbum, carácter que hace continuo la pegajosa y esencial 'Zero', canción que merece historia aparte y su permanencia en el tiempo será eterna. Volviendo al álbum, 'Here Is No Why' baja un poco las revoluciones, pero en un tono cadencioso de sutil agresividad, para volver a la distorsión metálica con la clásica y epiléptica ‘Bullet With Butterfly Wings’, épica a tal grado de ser un himno “a pesar de toda mi rabia, no soy más que una rata enjaulada”La variedad musical y estilística ya es notoria a esta altura del disco y 'An Ode To No One' (Fuck You) lo confirma con su asalto guitarrero. 'Love' mantiene la disonancia eléctrica de fondo y las letras dejan, cada vez más en claro, la calidad compositora. 'Cupid de Locke' y 'Galapogos' conforman un dueto melódico-acústico de notable factura, que líricamente, desnudan al hombre en toda su pequeña inmensidad. Sigue 'Muzzle', otro extraordinario y rítmico tema ¿Acaso no hay canciones de regular y ordinaria creación en el álbum? Un extenso y visceral corte es 'Porcelina of the Vast Oceans', donde sus casi 10 minutos de duración, descubren un océano de grandilocuencia y vasta calidad. Cerrando el primer disco, nos encontramos con la única canción interpretada en solitario por el guitarrista James Iha, la suave y acústica 'Take Me Down'.
Mientras la calidad musical, interpretativa y lírica no dejan de sorprender y se mantienen en alto, pasamos al segundo volumen del álbum, bautizado como "Twilight To Starlight", el cual inaugura con 'Where Boys Fear To Tread', pieza clave para comprender el lado agresivo y sabático de los Pumpkins. La estridencia continua con 'Bodies". Luego de la tormenta viene la calma", es la tónica del álbum y 'Thirty Three' junto a 'In the Arms of Sleep' lo demuestran resueltamente, con la melancólica esperanza de la primera y la más absoluta tristeza y oscuridad de la segunda canción, respectivamente. En un tono mucho más alegre y sincopado se deja degustar otra pieza clásica del cuarteto, '1979', quizás la versión pop-rock, más aceptada y popularizada por la multitud y la industria. Luego, es 'Tales of a Scorched Earth', que nos recuerda que los vientos de agresividad no se han ido ni piensan marcharse. En la mitad del segundo cedé, 'Thru the Eyes of Ruby', trae aires de un art-rock que la agrupación siempre denoto, dentro de una vanguardia rockera de calidad. La sigue la calma y dulce 'Stumbleine', que es sucedida por la última revisión netamente rockera y aplastante del álbum, 'X.Y.U.'. Esta nos trae, una vez más, el impresionante despliegue técnico y de potencia de un preciso y brutal Chamberlain, junto con la sarcástica voz chillona de Corgan, un regalito para sacudir un poco el cerebro. Pasamos ahora a la última parte del disco, donde notamos lentamente los guiños más electrónicos que comienzan a tomar los tracks, dándonos un aviso de lo que vendrá ("Adore" en 1998) 'Whe Only Come Out at Night', abre este camino rítmico, seguida de la bella 'Beautiful', la tierna y casi tonada de cuna, 'Lily' (my one and only), que como dato freak, Corgan dedica a su gata del mismo nombre. La belleza compositiva y lírica sigue inmersa en 'By Starlight' y, en forma de despedida de este gran álbum doble, también en 'Farewell and Goodnight', donde se unen las voces de todos los integrantes, para luego terminar con el mismo piano melancólico que abrió el álbum, en otra pieza de ensueño para cerrar esta magnífica obra.
Sin duda, "Mellon Collie & The Infinite Sadness", se convirtió, paradójicamente, en la pieza-maestra que ni los propios pudieron superar, en términos de calidad y popularidad a lo largo de su existencia. Más aún, este disco doble constituye las dos caras (luminosa y oscura) con que el grupo convivió continuamente, todo ello demostrado en mezcla estilístico y musical impresionante, y lo más relevante, lleno de fineza y calidad, lo que les valió, en definitiva, ser reconocidos masivamente por un mundo musical al cual dejaron perplejo y extasiado.
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