jueves, 25 de diciembre de 2008

Una maquina de Dios fuera de tiempo (II)

Platica absurda y aburrida, -una de las tantas que hasta la cuenta había perdido - cuenta los segundos para que esta se acabe y pueda seguir con la verdadera conversación que había interrumpido hace un momento, aquella conversación que le produce ese cosquilleo en el estomago –ese mismo cosquilleo que no sentía tiempo atrás – esa conversación que lo nutre, que le hace crear nuevos pensamientos.
- Ya llegue
- Muy bien
- ¿Cómo te fue?
- Igual que siempre
- Qué bueno
- Hoy mi perro alzo su pata bien lindo ¡ay que cosita mas hermosa es!
- Qué bien, amor - contesto automaticamente -
Sintió que cada respiración era una pérdida de vida y tiempo, anheló aquellos tiempos en donde podía soñar con aquella mujer por su inteligencia, perspicacia habían robado ese aliento que ahora parecía desperdiciado
- ¿Qué tienes?
- Nada –replico instintivamente– Solo estoy un poco cansando.
- Pues si quieres te dejo de molestar
- No me molestas
- Ok, como quieras
- Que descanses
- Igual
- Bye
- Bye
Octubre es una época de frio y lluvia en la ciudad. El pavimento mojado, los vidrios empañados, los charcos y las nubes grises, han sido siempre elementos que a él le han parecido inspiradores. Pero nunca había estado atrapado entre la monotonía y la espontaneidad. Estaba seguro que ella al momento de colgar estaba con otra persona, esa misma persona que cambia de nombre y rostro pero no de significado. A él simplemente ya no le importaba.
Dentro de la telaraña de su cabeza, Humberto seguía preguntándose exactamente qué era lo que ataba a ella, el dinero no – se respondía lo más pronto posible -, ¿acaso el amor? – el amor es como un cultivo, si lo dejas morir, la tierra se torna árida - , posiblemente sean los sábados – se dijo así mismo – esos sábados que durante mucho tiempo odio y desprecio por tenerlos que compartir solo con su cama. Pero la vibración del teléfono lo alejo de sus pensamientos.
- ¿Qué onda?
- ¿Cómo estas precioso?
- No tan bien como tu
- ¿Oye?
- ¿Qué paso?
- Me encantas
- Claro que no –respondió en tono pueril –
- Claro que si, pienso un millón de veces en ti
- ¿Un millón? Seguramente contaste mal, porque eso es mas de una vez por segundo, lo cual te haría la persona con mejor calculo en el mundo.
- ¡Ay, ya! No seas menso, ja, ja. Por cierto ayer vi una película y me acorde de ti.
- ¿Cuál?
- La fuente
- Si ,ya la vi
- Si, ya sé que te encanta el cine y que has visto casi todas las películas; pero el punto es que fui con Martha a la cineteca, y me acorde tanto de ti, porque jamás me cansaría de pelear por ti
- Tengo miedo –Corto su relato con un tono frio -
- ¿De, que? Respondió con un tono de voz angustiante y desesperada
- De ti, de lo que pueda pasar, no lo sé, mi cabeza no está en su lugar en este instante, tengo muchas cosas encima, el trabajo y la maestría son exhaustivos. De echar todo a perder pues.
- Pues solo déjame llevar esa carga contigo, ¿sabes te estás volviendo mi todo, crees que eso no da miedo?

Y en efecto ella estaba envuelta en miedo paralizada, por ella y por él, por su inexperiencia y por su pasado, pero todo eso no era tan grande como la satisfacción de tan solo escuchar su voz, deseaba con toda su alma que él, jamás se fuera de su lado. Encontró en tan poco tiempo lo que tanto había soñado y a la vez orado por.

El, al escuchar esas palabras, se reventó, jamás volvió a ser el mismo, entendió que encontró el calor de hogar que le fue arrebatado, que no sabía su llorar o gritar de alegría. Lo único que supo es que lo siguiente que dijera iba a cambiar el rumbo de su vida y posiblemente del mundo entero. Así que cerró los ojos y le respondió:

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