¿Se ha entendido el sentido que encierra la celebre historia que figura al principio de la Biblia, el pánico de Dios ante la ciencia? Esa historia no ha sido aun comprendida.
Ese libro sacerdotal por experiencia, comienza por la gran dificultad interior del sacerdote; para el no hay mas que un gran peligro, uno solo; luego tampoco para Dios debe haber mas que uno.
El Dios antiguo, perfección acabada, tan pronto espíritu como gran sacerdote, se pasea por su jardín. Pero se aburre. Contra el aburrimiento hasta los dioses luchan en vano. ¿Qué se le ocurre entonces? Inventar el hombre… el hombre es divertido. Pero entonces ocurre que el hombre también se aburre. La compasión de Dios por el único pesar propio de todos los paraísos, no tiene límites. Entonces crea a otros animales. Aquí surge de improviso, sin que los santos padres se percaten, la primera equivocación de Dios; el hombre no supo divertirse con los animales, reino sobre ellos, pero ni siquiera quiso ser animal. En vista de ello, Dios crea a la mujer. Y como por arte de magia, desaparece el aburrimiento y muchas otras cosas.
La mujer fue la segunda equivocación de Dios: “Por naturaleza, toda mujer es una serpiente, Eva”; cualquier sacerdote lo sabe; “Por la mujer vienen todos los males del mundo”, también lo sabe cualquier sacerdote. “Entonces la ciencia también viene de ella”. La mujer hace comer al hombre del fruto del árbol de la ciencia. ¿Y que sucede entonces? El pánico se apodera del Dios antiguo. El hombre mismo, creado a su imagen y semejanza, se ha convertido en la mayor de sus equivocaciones, ha nacido un rival; la ciencia lo hace igual a Dios; habrán acabado los sacerdotes y dioses, si el hombre se vuelve sabio. Moraleja: la ciencia en si mismo es su fruto prohibido; es lo único vedado. La ciencia es el primer pecado, el germen de todo pecado, el pecado original. Esto solo es la moral: “No conocerás”, lo demás son consecuencias.
El terror de Dios no le impidió ser sagaz. ¿Cómo es posible defenderse de la ciencia? Tal ha sido, durante mucho tiempo, el magno problema. Contestación: que el hombre salga de paraíso. La dicha y la ociosidad evocan pensamientos; todo pensamiento es malo en si; por lo tanto, el hombre no debe pensar. Y el sacerdote en si invento el castigo, la muerte, el peligro mortal del embarazo, todo genero de miserias, la vejez, los cuidados y en primer termino, la enfermedad – medios para luchar con la ciencia –. La miseria impide al hombre pensar. Y con todo ¡oh espanto! La obra del conocimiento se levanta gigantesca y toca a muerte en el ocaso de los dioses. ¿Qué hacer? El Dios antiguo inventa la guerra, separa los pueblos; hace que los hombres se exterminen mutuamente (los sacerdotes han necesitado siempre de la guerra). La guerra es una gran perturbadora de la ciencia ¡increíble! El conocimiento, la emancipación del yugo sacerdotal, aumentan a pesar de las guerras.
El Dios antiguo toma la ultima resolución: “El hombre se ha vuelto sabio, no se le puede utilizar, no tengo mas remedio que ahogarlo”.
Ese libro sacerdotal por experiencia, comienza por la gran dificultad interior del sacerdote; para el no hay mas que un gran peligro, uno solo; luego tampoco para Dios debe haber mas que uno.
El Dios antiguo, perfección acabada, tan pronto espíritu como gran sacerdote, se pasea por su jardín. Pero se aburre. Contra el aburrimiento hasta los dioses luchan en vano. ¿Qué se le ocurre entonces? Inventar el hombre… el hombre es divertido. Pero entonces ocurre que el hombre también se aburre. La compasión de Dios por el único pesar propio de todos los paraísos, no tiene límites. Entonces crea a otros animales. Aquí surge de improviso, sin que los santos padres se percaten, la primera equivocación de Dios; el hombre no supo divertirse con los animales, reino sobre ellos, pero ni siquiera quiso ser animal. En vista de ello, Dios crea a la mujer. Y como por arte de magia, desaparece el aburrimiento y muchas otras cosas.
La mujer fue la segunda equivocación de Dios: “Por naturaleza, toda mujer es una serpiente, Eva”; cualquier sacerdote lo sabe; “Por la mujer vienen todos los males del mundo”, también lo sabe cualquier sacerdote. “Entonces la ciencia también viene de ella”. La mujer hace comer al hombre del fruto del árbol de la ciencia. ¿Y que sucede entonces? El pánico se apodera del Dios antiguo. El hombre mismo, creado a su imagen y semejanza, se ha convertido en la mayor de sus equivocaciones, ha nacido un rival; la ciencia lo hace igual a Dios; habrán acabado los sacerdotes y dioses, si el hombre se vuelve sabio. Moraleja: la ciencia en si mismo es su fruto prohibido; es lo único vedado. La ciencia es el primer pecado, el germen de todo pecado, el pecado original. Esto solo es la moral: “No conocerás”, lo demás son consecuencias.
El terror de Dios no le impidió ser sagaz. ¿Cómo es posible defenderse de la ciencia? Tal ha sido, durante mucho tiempo, el magno problema. Contestación: que el hombre salga de paraíso. La dicha y la ociosidad evocan pensamientos; todo pensamiento es malo en si; por lo tanto, el hombre no debe pensar. Y el sacerdote en si invento el castigo, la muerte, el peligro mortal del embarazo, todo genero de miserias, la vejez, los cuidados y en primer termino, la enfermedad – medios para luchar con la ciencia –. La miseria impide al hombre pensar. Y con todo ¡oh espanto! La obra del conocimiento se levanta gigantesca y toca a muerte en el ocaso de los dioses. ¿Qué hacer? El Dios antiguo inventa la guerra, separa los pueblos; hace que los hombres se exterminen mutuamente (los sacerdotes han necesitado siempre de la guerra). La guerra es una gran perturbadora de la ciencia ¡increíble! El conocimiento, la emancipación del yugo sacerdotal, aumentan a pesar de las guerras.
El Dios antiguo toma la ultima resolución: “El hombre se ha vuelto sabio, no se le puede utilizar, no tengo mas remedio que ahogarlo”.
Frederich Nietzsche
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