sábado, 3 de enero de 2009

El porque detesto las pantallas tactiles y quiero un iphone

"Si Apple lo hace, debe ser correcto." Ése es el lema de las pequeñas compañías celulares, semejantes a lemmings, las cuales tratan desesperadamente de seguir el liderazgo de la pantalla táctil del iPhone. De hecho la modita de las pantallas táctiles no se limita a los celulares, por supuesto; parece que todos están pensando en cambiar los teclados y los ratos por grandes paneles de vidrio.

Craso error.

El problema no son las pantallas táctiles; éstas han existido por años. El problema es la idea perniciosa de que las interfaces únicamente de pantalla táctil engullirán a todos los demás dispositivos de entrada. Cuán doloroso es ver que la gente de la división celular de Microsoft se deshace de sus aparatos que no poseen pantallas táctiles y persiguen obsesivamente el iPhone, por ejemplo. Porque las pantallas táctiles -al menos la forma en que funcionan en la actualidad- en realidad son menos táctiles que los teclados.

Experimentamos el mundo con al menos seis sentidos. El mundo del entretenimiento electrónico enfatiza la vista y el oído al costo de lo demás; pero el olfato, el tacto y la cinestesia (el conocimiento de la posición y el movimiento corporales) aún juegan papeles importantes en lo que nosotros, en tanto humanos, consideramos la realidad. Ésta es una razón por la que los entornos de la llamada realidad virtual como Second Life jamás han tenido éxito salvo con gente que quiere escaparse de sus propios cuerpos físicos. Si la propia realidad física es esencialmente placentera, entonces recorres un mundo hecho únicamente de visiones y sonido es mutilarse uno mismo voluntariamente. Además se trata de una de las razones por las que el Wii de Nintendo es tan exitoso: emplea el sentido cinestésico de maneras en que el PS3 y el Xbox 360 no lo hacen.

Los sentidos faltantes juegan además un papel en por qué las dizque reuniones en vivo no se sientan con vida, y en por qué las supuestas teleconferencias no se sientan como asistir a una conferencia. En lo profundo de nuestros cerebros animales, concebimos la realidad como algo que abarca todos los sentidos. Quizá no te guste cómo huela un compañero de trabajo; pero dicha peste lo hace más real para ti, sin importar si conscientemente lo reflexiones. Me encantan los celulares, pero cuando un amigo mío concluye las llamadas telefónicas con un "gracias por la visita", me estremezco un poquito. Una llamada telefónico no es una visita. Las visitas conllevan la participación de más sentidos.

Y así llegamos a las pantallas táctiles. Éstas en realidad son pantallas sin funcionalidad táctil; se trata de una ilusión contraintuitiva que aceptamos porque las interfaces de cómputo están hasta el topo de metáforas y de ilusiones contraintuitivas. Somos mamíferos que emplean herramientas; interactuamos con los objetos físicos. Mientras escribo esto, percibo la parte superior de las teclas, las texturas diversas de las letras y el descanso de las palmas. Me llega el cliqueo cuando aprieto las teclas y noto el movimiento de los dedos que confirman la acción.

Cuando presionas un botón del iPhone, no se siente nada. En cada botoncito se siente lo mismo: nada. Cada acción se percibe igual: como nada. Hay cierta libertad sin esfuerzo en eso: puesto que ahora el levantamiento de grandes pesos es todo virtual, sientes como si pudieras alzar toneladas. Pero acabas de renuncia al menos a uno de los sentidos. Ya no puedes marcar con los ojos cerrados: la interfaz consiste plenamente en vista y oído. Nada de tacto. Se trata de una interfaz no táctil.

Ésta es una de las razones por la que todavía no contamos con la famosa interfaz de información de Minority Report. En dicha cinta, Tom Cruise usaba guantes especiales para interactuar con una interfaz de cómputo increíble donde literalmente se agarraban las ventanas y se lanzaban por la pantalla. Pero tal interfaz es impráctica sin la retroalimentación apropiada: sin poder sentir realmente dónde se encuentran los bordes de la ventana.

Los fabricantes de pantallas táctiles (sobre todo los de Synaptics) no son estúpidos, así que andan en busca de hallarle solución al problema. La respuesta háptica hace que las cosas vibren en respuesta al contacto; por desgracia, los portátiles hápticos hasta el momento han sido pésimos. La pantalla de clics del BlackBerry Storm de RIM verdaderamente le da un aspecto físico a la pantalla táctil, lo cual es genial pero en buena medida se trata de una idea versión 1.0. Simple y sencillamente aún no se cuenta con la tecnología.

Las pantallas táctiles también pueden restringir los factores de forma, y provocan en consecuencia que las interfaces sean sorprendentemente más incómodas de utilizar. En los dispositivos móviles, al menos necesitas un área blanca de 9 mm para poder darle clic a algo con el dedo. En las PC, una interfaz de orientación táctil puede provocar mucho movimiento tosco de la mano y el brazo de un lugar a otro. Interactúo con mi laptop con un montón de movimientos sutiles; los dedos entre las teclas, y el pulgar se desplaza hasta el trackpad. Tener que alcanzar la pantalla para desplegar los menús me enlentecería.

Desde luego que podemos prepararnos mentalmente para aceptar las desventajas de las interfaces táctiles a cambio de las muchas ventajas, como posibilitar pantallas más grandes y pseudoteclados configurados dinámicamente. Pero no nos engañemos con el cuento de que no hay desventajas. Adoptar las pantallas táctiles como religión, en este preciso momento, se deshace de uno de nuestros sentidos; para mí, eso simplemente no tiene sentido

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