Tenemos años escuchando promesas de prosperidad, de paz y una vida mejor; pero cada vez el clima luce menos esperanzador y más nublado. Este panorama no solo es creado por las personas que han estado a cargo de dirigir, que han fallado en sus tomas de decisiones y en su avaricia insaciable; sino por nosotros, la gente, los ciudadanos que jamás cuestionamos nuestra idiosincrasia como nación, como cultura, porque no existe un recuerdo digno de un padre fundador de esta nación.
Durante la lucha por la independencia jamás se hablo de libertad, los llamados insurgentes – a excepción de Morelos – jamás redactaron nada que hablara de oportunidades para desarrollar nuestro potencial. Solo ha existido avaricia desde entonces. Nosotros, nuestros abuelos, nuestros ancestros son tan o más culpables pues dejaron que sucediera, cedieron sus derechos con tal de no ser arrollados.
Esta generación será marcada por la crisis, igual como la de hace 15 años, nuestra economía esta comatosa por la decisión de unos cuantos; pero también por nosotros, por la incapacidad de hacer decisiones valientes y difíciles. Por siempre querer ir por el camino fácil. Empleos se han perdido, casas han sido embaucadas, nuestro seguro social es deprimente, las escuelas son incapaces de generar conocimiento. ¿Cómo podrá ser la siguiente generación?
No es una debacle la que se enfrenta, las crisis son retos y este que nos ha tocado como generación es real y no será fácil enfrentarla. Pero si tan solo tomáramos la decisión de la esperanza, del amor, de la unidad de propósitos, en vez del miedo, seriamos capaces de encontrar nuestra idiosincrasia. Poner un final a nuestros mezquinos intereses, reclamaciones, falsas promesas y dogmas que han estado en nuestra conciencia colectiva por años estrangulándola.
Es momento de construir una nueva historia, de tener un noble principio: que todos somos iguales, todos somos libres y todos debemos de tener la oportunidad de perseguir la felicidad completa. La grandeza no es un don, no es un regalo, debe ganarse y solo se logara cuando seamos lo suficientemente valientes para ir por el camino difícil, ser los generadores de nuevas ideas.
Todos somos parte de uno, como sociedad están los héroes anónimos, que vergonzosamente son los más humillados: los que limpian nuestros pisos, cosechan nuestra comida, los que están bajo la sombra de un arduo trabajo, a ellos también les debemos nuestro respeto y nuestro deseo de prosperidad.
No somos menos productivos que la semana pasada, no somos, ni debemos ser menos creativos que hace cien años, nuestras mentes no son menos inteligentes que hace una década. Nuestra capacidad sigue siendo subvalorada por nosotros mismos. Desde ayer tendríamos todos que tener el trabajo de crear una mejor vida para todos. Todo esto se puede y debe hacer. Imaginarnos lo que mujeres y hombres pueden lograr cuando la imaginación coincide con un propósito en común. La grandeza de una nación se basa en lo que puede construir no en que lo puede destruir
La economía no debería basarse en deuda, sino en la riqueza de nuestra prosperidad, en dar la oportunidad a cualquier persona deseosa de intentar lo que desea, no por caridad sino porque es el camino hacia un propósito común: cada persona debe tener derecho a la paz, la dignidad y la prosperidad. La historia nos ha enseñado que la paz no se obtiene con la violencia de las balas sino con la fuerza de las ideas. Creer que somos capaces de vencer cualquier intento de arrebatarnos lo que por nacimiento nos pertenece.
El mundo cambia constantemente y es tiempo de que cambiemos junto con él.
Durante la lucha por la independencia jamás se hablo de libertad, los llamados insurgentes – a excepción de Morelos – jamás redactaron nada que hablara de oportunidades para desarrollar nuestro potencial. Solo ha existido avaricia desde entonces. Nosotros, nuestros abuelos, nuestros ancestros son tan o más culpables pues dejaron que sucediera, cedieron sus derechos con tal de no ser arrollados.
Esta generación será marcada por la crisis, igual como la de hace 15 años, nuestra economía esta comatosa por la decisión de unos cuantos; pero también por nosotros, por la incapacidad de hacer decisiones valientes y difíciles. Por siempre querer ir por el camino fácil. Empleos se han perdido, casas han sido embaucadas, nuestro seguro social es deprimente, las escuelas son incapaces de generar conocimiento. ¿Cómo podrá ser la siguiente generación?
No es una debacle la que se enfrenta, las crisis son retos y este que nos ha tocado como generación es real y no será fácil enfrentarla. Pero si tan solo tomáramos la decisión de la esperanza, del amor, de la unidad de propósitos, en vez del miedo, seriamos capaces de encontrar nuestra idiosincrasia. Poner un final a nuestros mezquinos intereses, reclamaciones, falsas promesas y dogmas que han estado en nuestra conciencia colectiva por años estrangulándola.
Es momento de construir una nueva historia, de tener un noble principio: que todos somos iguales, todos somos libres y todos debemos de tener la oportunidad de perseguir la felicidad completa. La grandeza no es un don, no es un regalo, debe ganarse y solo se logara cuando seamos lo suficientemente valientes para ir por el camino difícil, ser los generadores de nuevas ideas.
Todos somos parte de uno, como sociedad están los héroes anónimos, que vergonzosamente son los más humillados: los que limpian nuestros pisos, cosechan nuestra comida, los que están bajo la sombra de un arduo trabajo, a ellos también les debemos nuestro respeto y nuestro deseo de prosperidad.
No somos menos productivos que la semana pasada, no somos, ni debemos ser menos creativos que hace cien años, nuestras mentes no son menos inteligentes que hace una década. Nuestra capacidad sigue siendo subvalorada por nosotros mismos. Desde ayer tendríamos todos que tener el trabajo de crear una mejor vida para todos. Todo esto se puede y debe hacer. Imaginarnos lo que mujeres y hombres pueden lograr cuando la imaginación coincide con un propósito en común. La grandeza de una nación se basa en lo que puede construir no en que lo puede destruir
La economía no debería basarse en deuda, sino en la riqueza de nuestra prosperidad, en dar la oportunidad a cualquier persona deseosa de intentar lo que desea, no por caridad sino porque es el camino hacia un propósito común: cada persona debe tener derecho a la paz, la dignidad y la prosperidad. La historia nos ha enseñado que la paz no se obtiene con la violencia de las balas sino con la fuerza de las ideas. Creer que somos capaces de vencer cualquier intento de arrebatarnos lo que por nacimiento nos pertenece.
El mundo cambia constantemente y es tiempo de que cambiemos junto con él.
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